Categoría: Chorradas
9 Marzo 2007
Pues eso, que he hecho un blog de cine para entretenerme un poco. En él se hablará de cine y de sus consecuencias, vamos, que si el tema se ramifica o extiende hacia otras partes, pues bienvenido sea.
La idea es hablar de películas viejas (que ya se han estrenado), de estrenos recientes, de teoría cinematográfica, y demás pamplinas.
Espero que os interese, y que aportemos cosas entre todos y nos lo pasemos bien. Se aceptan sugerencias siempre, y me gustaría que fuese algo fluido y tal.
Juro que trataré de actualizarlo regularmente, ya sé que no soy muy de actualizar pero no preocuparse, que si no actualizo este actualizaré el de cine, que es precisamente como se llama el blog: el de cine.
Me gustaría decir que podéis acceder a él pinchando aquí, pero no puede ser porque con la nueva organización de La Coctelera todavía no me aclaro con lo de poner links, así que tendréis que pincharlo aquí a la derecha, en la sección de enlaces, que está el primero.
Gracias por meteros aquí, os agradezco que sigáis mirando debajo de la cama aunque no haya nada interesante o, directamente, nada nuevo.
Pero bueno, ahora al menos tenemos también el de cine.
servido por xfortino
1 comentario
compártelo
15 Enero 2007
Los que os habéis pasado por mi casa ya sabéis que una de las principales actividades que tenemos son las acaloradas discusiones sobre cine. Quien ha asistido a estos espectáculos de demagogia barata y frases lapidarias sabe que nuestro tema favorito es el pobre Tim Burton, y el segundo es el Drácula de Coppola, que es una película que no soporto desde que tengo 15 años.

Bueno, pues decidimos volver a verla. Raúl creía que iba a estar metiéndome con la peli desde el primer minuto, pero traté de librarme de los prejuicios del pasado e intenté verla con buenos ojos y las gafotas bien limpias.
Y me encantó. Me pareció una genialidad, digna del mejor Coppola. Ahora se lo estoy contando a todo el mundo porque estoy muy orgulloso de haber podido cambiar de idea.
Esta chorrada tiene muchas enseñanzas. Seguro que ya las conocéis, pero también sabéis que conocer el resultado de una ecuación no significa haberla resuelto. En mi caso, he aprendido que no es bueno ser esclavo de lo que dijiste o pensaste en el pasado. Tener ideas está muy bien, pero es muy peligroso no estar dispuesto a cambiarlas. Si te casas con una idea, una pequeña parte de ti habrá muerto.
(la otra enseñanza es que nunca debes dudar de Coppola, porque Él siempre va a ir tres pasos por delante de ti...)

Si me hubiese mantenido en mis trece, si hubiese visto la película con ganas de destriparla, o me hubiese negado a mí mismo que la peli estaba bien, podría haber seguido discutiendo con Raúl durante toda mi vida, con el orgullo de tener las ideas claras, sin dejarme amilanar ya llueva, nieve o truene.
Sin embargo, la satisfacción de gritar en los títulos de crédito “qué peli más cojonuda acabo de ver, teníais razón, he sido un cretino durante ocho años!” es mucho mayor, dónde va a parar. Vale, igual ahora molo un poco menos en las reuniones de sociedad, pero por favor, me siento más libre y en paz que antes, me siento mejor y me gusta una peli más. Con el cambio, he salido ganando. Si te adaptas a la situación y aceptas el cambio, te sentirás mucho mejor. Agachar la cabeza y ser humilde contigo mismo es lo mejor que se puede hacer. Y lo dice un tío con el ego tan grande como Júpiter.
Últimamente, todos recitamos como papagayos el anuncio de Bruce Lee sin pensar en el mensaje que te está transmitiendo: la fluidez es el arma más poderosa que existe, y habría que aplicarla en todos los ámbitos, ya sea en los gustos, la política, el amor, lo que sea.

Cada día me doy cuenta de que hay muy pocas cosas en las que merezca la pena creer a pies juntillas... Yo creo que matar está mal, pero no sé si es porque lo pienso de verdad, o si esta idea es resultado de mi educación, de mi sociedad y de la omnipresente herencia judeocristiana que todos tenemos, y que yo he aceptado como buena sin pensarlo dos veces. Si no tengo claro ni eso, ¿por qué voy a discutir por una película, o por un partido político, o por cualquier chorrada?
Cuanto más te preguntas, más te das cuenta de lo poquito que sabes acerca del mundo y de ti mismo. Qué inseguro te sientes al darte cuenta de que el 99 por ciento de lo que crees saber ni siquiera lo has pensado; eres un producto de tu sociedad, de tus padres y de tu escuela y, si te pones a pensarlo bien, en tu vida has tomado muy pocas decisiones por ti mismo.
Estas influencias externas son inevitables, pero al menos ahora sabes que están ahí, y puedes intentar hacer algo al respecto. La verdadera libertad no existe, pero sí la consciencia. Y vivir inconsciente, aunque es cómodo, no me parece lo más recomendable.
Por eso, la gente que dice tener las ideas muy claras me da un poquito de miedo. Tener las ideas claras significa renunciar a pensar. ¡Y de ahí al fanatismo hay un pasito!
Ya, siempre escribo sobre lo mismo, pero es importante...
servido por xfortino
28 comentarios
compártelo
27 Noviembre 2006
1. Malditos no!
Después de las vacaciones que llevo pegándome desde Junio (aunque expertos poco fiables aseguran que en realidad llevo desde el año 2001, y otros menos fiables aún que desde hace 23 años), por fin he conseguido QUERER TRABAJAR. Porque antes no quería, sino que debía (en realidad, tampoco debía, pero mi entorno me dedicaba miradas de reproche que yo interpretaba como “búscate un curro ya, vago de mierda, lacra social, que te estás divirtiendo mucho y nosotros nada” y me hacían sentir un poco mal).
Sea por lo que fuere, no quería trabajar. Con mi carrera de cinco años solamente puedo aspirar a puestos de becario por 600 euros al mes 10 horas al día y eso no me motiva demasiado. Me han contado que eso es lo que hay que hacer, ir “acumulando experiencia” para, con suerte, tener cierta libertad y capacidad de decisión sobre tu vida a los 55 años. Y algunos ni eso.
La libertad es algo que hay que ganarse. Esa es, básicamente, una de las premisas de nuestra sociedad. A mí me recuerda a un rollo carcelario tipo “pórtate bien e igual te rebajamos la condena, malhechor”, con la diferencia de que yo no soy un malhechor, sólo un ser vivo. Todo esto me parece injusto y aberrante y me hace pensar que el mundo está fatal montado.
Hay otra opción: buscarse empleos y ocupaciones más molonas, cosas que te motiven inmediatamente y te den pasta para vivir. Cosas como recoger mierda de elefante en el zoo o instalar calderas de gas, que a mí me parecen superentretenidas.
Ambos grupos tienen sus pros y sus contras: uno sacrifica la felicidad inmediata por la seguridad en el futuro... pero nadie te asegura que ese futuro llegue a existir. El otro te motiva y no te hace estar puteado 30 años mientras esperas a la libertad... pero no te ofrece nada a qué agarrarte en caso de que ese maldito futuro llegue a existir.
A mí, que pienso en la muerte unas cuatro veces al día, nada me tira más que vivir al día y todo ese rollo, pero me angustia pensar que puedo estar en la misma situación a los 20 años que a los 60, la inseguridad.
Por eso, he llegado a la conclusión de que será mejor que entre en el primer grupo, pues parece ser la forma más eficaz para tener tu propia casa, dos o tres hijos, un ligero sobrepeso, beber vino en las comidas y acostarte pensando “cómo me lo he currado, me he ganado este pedacito de felicidad con mis propias manos” y dormir como un bebé, no como ahora, que me rallo a muerte con chorradas. Por eso he decidido que quiero trabajar.
Que vale, que todo esto será muy normal para los que estén leyendo esta basura, pero para mí ha supuesto un esfuerzo considerable llegar a estas conclusiones.
(Pero vive Dios que voy a ser el más macarra de la oficina).
2. La fiesta terrenal
Estuve en una fiesta en la que las personas no hablaban. Lo único que hacían era escupirse unos a otros toda la información que habían recopilado, como loros, en una especie de competición por ver quién era más vanidoso y pedante y soltaba más citas de autores por minuto.
Qué doloroso era ver a esos cerebros de hormigón, cada uno con su lección aprendida, dando la conferencia y esperando a que el otro terminase su interrupción (no intervención) para poder continuar donde lo había dejado.
¿Y eso es una conversación? ¿Una diarrea verbal en la que lo que el otro diga no tiene ninguna importancia ni va a afectar a tu discurso?
Me agobié tanto que cuando empecé a imaginarme a dos ñúes dándose de cabezazos me salí a tomar el aire.
3. Un idiota integral en el bar
Hoy tocaba Josele Santiago y me he ido a verlo solo, porque ningún conocido mío podía/quería. Como era una sala pequeñaja he llegado hora y media antes y me he plantado en el bar de enfrente a verlas pasar.
Un vinito después, el bar estaba lleno y tenía al lado a unos seres humanos jóvenes que también iban al concierto.
Otro vino después, ha entrado el propio Josele en el bar y se ha puesto con los seres humanos jóvenes, a los que conocía.
Y todo esto es lo que ha ocurrido en mi mente, por este orden:
"Qué de puta madre, el Josele aquí, a mi lado..."
"...y además me ha hablado (porque quería pasar al baño a mear)..."
"y qué puta mierda que no haya nadie aquí con quien compartir este momento..."
"Bueno, estos de al lado parecen simpáticos, y además son fans de Los Chicos y Los Coronas. Si hubiese hablado más con ellos antes de que viniese el Josele, ahora estaría con ellos y hasta me lo podrían haber presentado..."
"...pero ahora se van a creer que quiero que me enchufen con el Josele y no es verdad, yo sólo quiero hablar con alguien..."
"¡Qué tensión! ¡Puto Josele, me estás intimidando, no puedo hacer amigos por tu culpa, vete del bar!"
...
"qué imbéciles los de la fiesta del otro día..."
"...y tengo que buscar un trabajo."
"...mumblerumblemumblerumblerumblemumble..."
Y ya era la hora del concierto, y Josele ha pagado y se ha marchado del bar, y yo he salido detrás de él, y me he ido directamente a mi casa a escuchar el disco porque soy un idiota integral y un rallado.
servido por xfortino
16 comentarios
compártelo
10 Noviembre 2006
Una enorme crisis de fe asola nuestro mundo, y no creo que sea arriesgado afirmar que nos encontramos en el siglo del descreimiento. Ya nadie cree en el amor, ni en los políticos, ni en los profesores, ni en sus padres, ni en su novia... Nos han enseñado que la independencia es el bien más preciado que podemos tener, y que si crees en algo, terminarás dependiendo de ello y perderás tu libertad.
Al que más daño hace toda esta situación es al buen Dios, que ve desolado cómo cada día menos gente cree en Él. El pobre ya no sabe qué hacer: las religiones que inventaron los hombres para acercarse a Él cada día tienen menos predicamento.
Si dices que eres católico, tus amistades te mirarán como si fueses un pobre miembro de una entidad carca, cutre, ladrona y guardiana de una moral infumable.
Si eres musulmán, tus amigos modernos se solidarizarán contigo (como si te hiciese falta). Los otros te preguntarán por tu postura ante la guerra de Irak, Bin Laden, el ramadán, las Cruzadas, la guerra santa y el burka.
Si eres judío, todos te harán chistes de joyeros y tacaños y te preguntarán por ese gracioso birrete que os ponéis. Si son unos freaks te preguntarán por la Torá, los 72 nombres de Dios, el código secreto y las Sefirot. Los más graciosetes te acusarán de haber provocado todas las guerras de la Historia y se irán a por un poli...
Pero todos, TODOS, aunque sólo sea durante una millonésima de segundo, pensarán en tu pene.
Si en cambio dices que no crees en Dios, sino en el rollo zen, el budismo y todo eso, primero pensarán que eres un gafapasta que te va el “rollito” y sólo comes verduras y oyes discos de cantos de ballenas.
Luego, si ven que no eres un imbécil sino que de verdad ese rollo te hace bien, te respetarán un poco más... pero nunca dejarás de ser “el raro”.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo ayudar a Dios?
Pues está clarísimo: con religiones que MOLAN, que son originales y que tienen un par de huevos. Y para que os sea más fácil convertiros, todas tienen su base en el catolicismo, que es la religión (mayoritaria y despreciable, claro) con la que nos hemos criado casi todos.
Los Creacionistas!
El otro día, frente al Oso y el Madroño, un tío predicaba subido en un cajón que nos habíamos apartado del camino recto, que Dios y que tal. Luego unos tipos me dieron un folleto y descubrí que eran creacionistas. Con lo que me gustan a mí los creacionistas!
Los creacionistas leen la Biblia literalmente. Para ellos, el universo se creó hace 6.000 años, y en 6 días. Creen en el Diluvio y en que sólo se salvó Noe y su familia y los animales que pudieron meter en el Arca.
Y, por supuesto, que la teoría de la evolución es una patraña, que el mundo y los seres vivos fueron creados como son hoy, y que los fósiles son una treta del Diablo para engañarnos.
A mí me caen muy bien. Su mensaje se hizo popular en gran parte gracias a Jack T. Chick, un tío que todavía sigue haciendo tebeos sobre la doctrina creacionista, y que reparte leña a todo el mundo: católicos, protestantes, homosexuales, científicos...
Aquí tenéis su web, donde podréis leer sus tratados.
Son la bomba, no te cansas.
Los Testigos de Jehová!
Estos señores tan educados llaman a nuestra puerta con relativa frecuencia, casi tanta como la nada entrañable Señora Patro. Yo prefiero a los Testigos, porque nos dejan revistas muy interesantes como ¡Despertad! y La Atalaya, y el ya clásico tebeo ¡Disfrute para siempre de su vida en la tierra! (¿a que parece un folleto para alienígenas?).
Fundados hace unos cien años, sus creencias no se diferencian demasiado de los católicos. La verdad es que son muy majos y educados y al menos me parecen mucho más consecuentes con sus creencias que los católicos. Y además me regalan revistas que te hablan del Temor de Dios, transfusiones de sangre, cilicios y cosas igual de chulas.
Los Mormones!
Su historia es demencial, tanto como su verdadero nombre: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En 1820 Joseph Smith recibió la visita del mismísimo Dios acompañado de Jesucristo, quienes le advirtieron que no debía unirse a ninguna iglesia existente, pues todas eran falsas, y que él sería el encargado de traer la verdadera fe.
Tres años después se le apareció un ángel que se llamaba Moroni (¿un ángel italiano?) y le dio unas planchas de oro donde se contaba LA VERDADERA HISTORIA DE LOS ANTIGUOS HEBREOS EN AMÉRICA. ¡Y estaba escrita en un dialecto egipcio!
Smith tradujo este relato gracias a unos anteojos mágicos, o algo así, llamados Urim y Tummin. No se fue a Rivendel ni le acompañaron graciosos enanitos, pero casi.
En 1830 publicó su traducción bajo el nombre de “Libro de Mormón”, que cuenta la historia de las tres tribus que Dios mismo guió desde Oriente: una llegó desde la torre de Babel, y las otras dos desde Jerusalén. Hubo una lucha entre creyentes y no creyentes, y ganaron los degenerados no creyentes, que son los antecesores de los indios americanos. Jesucristo visitó América después de la crucifixión y los llevó a todos por el recto camino.
Con dos cojones.
Mirad cómo el bueno de Jack T. Chick los pone a caldo aquí.
Y los Cátaros. ¿Ya no hay?
Bueno, si hay que quedarse con unos, yo me quedaría con los Cátaros, pero por lo visto ya no quedan.
Los cátaros se fundamentan en el gnosticismo, que existe casi desde el cristianismo. Su doctrina bebe más de Platón que de Aristóteles (que es en quien se fundamenta al cristianismo) y los evangelios gnósticos dicen cosas superchulas (y son de la misma época que los de toda la vida).
Los cátaros separan materia (impura) de espíritu (puro). El mundo material, el mal, las guerras, las iglesias mundanas y papas eran obra de la mano de Satanás, ya que Dios es el amor y bondad perfectos y no puede hacer ningún mal.
Y de siempre han dicho que Judas está guay, y era parte fundamental del Plan Divino (porque sin su traición no hubiese ocurrido nada). Vamos, que no hay para tanto con lo del Evangelio de Judas que tanto revuelo armó: sólo es un texto gnóstico que confirma esa creencia.
Finalmente, y debido al alto contraste de sus creencias y su forma de vida con la de la opulenta Iglesia Católica, el catarismo fue considerado herejía y prácticamente erradicado en la Primera Cruzada.
Pero vamos, que los cátaros son unos cachondos y me encantan, y además siempre están presentes en la obra de Chester Brown. Ojalá queden unos cuantos supervivientes cátaros escondidos en el Amazonas, por ejemplo, entre laboratorio nazi y laboratorio nazi.
Y eso es todo. Haceros algo, por favor, que le daréis sentido a vuestras vidas, no como ahora, que estáis ahí como atontaos, amargaos, que no sabéis qué hacer y se os junta la noche con el día y ya no sabéis en qué día vivís.

servido por xfortino
14 comentarios
compártelo
4 Octubre 2006
Ojalá pudiera dedicarme a escribir cosas geniales sobre un plato de macarrones mutantes, adolescentes y dementes asesinos de personas. Cuando la policía llega a la casa, no encuentran otra cosa que un cadáver con un plato de pasta al lado. Y allí están tan tranquilos los macarrones, esperando a ser tirados a la basura para seguir armando jarana en el vertedero o en el estómago de un gato callejero, ya sean al pesto, carbonara o boloñesa.
Me encantaría hablar de ese señor pequeño y encorvado que vivía en mi barrio y tenía una tostadora por cabeza. Todos los días compraba una caja de palillos en la tienda de al lado, los colocaba encima de la mesa con mucha ceremonia, y acto seguido se echaba a llorar cuando los palillos formaban el nombre de la persona amada. Y antes de que su cabeza de tostadora se cortocircuitase, se abalanzaba sobre ellos y los devoraba inmisericorde, sin compasión, sin pesto, sin carbonara y sin boloñesa, clavándose millones de astillas en su garganta de metal.
También podría hablar del león que, aburrido de que siempre sean las leonas las que salen de caza, decide ir por su cuenta a por una gacela, y la encuentra, y la seduce, y cuando ya la tiene en sus brazos la corta en pedacitos muy pequeños, los coloca en un plato y se los ofrece a sus invitados los mandriles, que se comen encantados los pedacitos de gacela con cuchillo y tenedor... o con palillos, que es más fino.
Pero no, no puedo porque no sé inventar. Ser original es un trabajo muy complicado y yo soy demasiado corriente para eso. Qué mala suerte, con lo que me gustan a mí las cosas excepcionales. Tendré que buscar otra cosa.
Me meto en trabajos.com o alguna chorrada por el estilo. Me piden currículum. Se lo doy. Me preguntan en qué sector estoy desarrollando mi trabajo actualmente y me dan a elegir entre varias categorías. Busco, y por fin encuentro lo más parecido a lo que he estado haciendo: Alimentación/Bebidas/Tabaco.
¡Qué lástima, por Dios! Trabajar está bien, pero buscar trabajo es un coñazo.
servido por xfortino
6 comentarios
compártelo
22 Septiembre 2006
Mira, eh? Qué puta mierda, qué agobio.
Son las dos de la madrugada y me pongo a ver una peli. Mañana me levantan a las nueve y media para ir al Ikea pero me da igual, no tengo sueño. Pongo la peli, está guay. Acabo a las cuatro. Cinco horas y media para dormir, qué mierda, ahora tengo hambre.
La nevera me saluda: manzanas, queso, mantequilla, un paquete de arcilla y sobrecitos de ketchup que algún subnormal se empeña en guardar.
No quiero cocinar, quiero una pizza. Voy a por una pizza.
¡No! Sólo tengo 20 euros para todo el fin de semana y mañana tengo que ir al Ikea, no puedo malgastarlos, llevo una semana sin luz en mi habitación y necesito esa lámpara.
A la mierda el Ikea, quiero comer.
No, no, relájate.
(y cuando me haya gastado los 20 euros en el Ikea, ¿qué haré el fin de semana?)
Son ya las cinco. Tienes que cocinar algo, lo que sea. No gastes el dinero. Vale, me hago un bikini. Me sabe a gloria y me lo como mientras veo a los Monty Python. Me quedo con hambre, me haría otro bocata pero me da pereza.
Y mientras, el otro subnormal duerme tan tranquilo. Tengo que matar a alguien, sois unos cabronazos.
Meo unas quinientas veces y me acuesto. Aguanto tres minutos en la cama. Joder, las seis ya.
Un cigarro estaría guay. Me fumo cuatro.
¡Y tengo que llamar al zoo antes de irme al Ikea! No voy a conseguir un empleo jamás. Y necesito dinero para vivir. Necesito dinero para comer fuera, para comprar comida ya hecha, o para contratar a alguien que me dé de comer.
Mi reino por una pizza de 6,95. Eso es lo que vale mi reino.
Al final Sharon Stone es la mala, ¿no? Qué hago, ¿me emborracho? No, paso de ir con un cebollazo al Ikea, que mañana habrá adultos.
Leo un rato. Unos treinta segundos. ¿Voy de empalmada mañana? No, no, que a las ocho me va a entrar el sueño, lo estoy viendo.
¿Me ducho? Así me relajo y ya estoy limpio para mañana. Sí, pero igual en vez de relajarme, me despejo. A ver, razonemos: si el agua fría te despierta, el agua caliente te adormecerá, ¿no? Además, dilatará mis vasos sanguíneos y con suerte mis pulmones y respiraré mejor. Okey, agua caliente, agua caliente.
¿O no?
Me da igual, me ducho.
Siete y cuarto.
Siete y veinte.
Te lo juro, no vuelvo a discutir contigo en la puta vida.
servido por xfortino
8 comentarios
compártelo
6 Junio 2006
Cuando eres canijo la vida te lleva a tomar la primera decisión importante de tu vida (al menos de la mía): ¿Ciencias o Letras?
Yo elegí Letras, porque por aquel entonces las Matemáticas y la Química se me atragantaban bastante, y la Física no terminaba de gustarme. Así que decidí tirar por el Latín. En realidad era Latín y Griego, pero el Griego sólo lo pedimos cinco nerds, y no éramos suficientes para pagar a un profe.
Después de hacer la Selectividad (y sacar la nota más alta en Latín de mi clase, jaja), descubrí lo divertidas que son las Ciencias. ¡Las ciencias molan! Especialmente la Física. Pero ya era demasiado tarde para mí. Es lo de siempre, ¿por qué ponemos nuestras vidas en manos de un niño de quince años?
Cómo me gustan las teorías científicas. Qué interesantes son algunas cosas. En serio, las Humanidades sólo te enseñan cosas sobre los humanos, pero es que las Ciencias te enseñan cosas sobre EL MUNDO! ¡Es genial!
Mira, a mí algo que me obsesiona últimamente es el gato de Schrödinger. Bueno, no el gato de Schrödinger, sino la Teoría del gato de Schrödinger. A ver, no es que la teoría la hiciese el gato de Schrödinger, no era un gato superdotado ni nada de eso, sino que Schrödinger tenía un gato e hizo una teoría sobre él. De hecho, probablemente el gato no fuese de Schrödinger, pero la teoría se llama así y yo no tengo la culpa. Es más, estoy seguro de que ese gato ni siquiera existió...
Bueno, os lo cuento: Schrödinger era un físico austriaco que elaboró la siguiente teoría.
Yo meto un gato en una caja. Y la caja va conectada a un dispositivo que, si se activa, puede meter un gas venenoso dentro de ella. Y el gato no puede hacer nada, se está ahí quieto, dentro, esperando a que le metan el veneno o no. Entonces. El dispositivo este está programado para que, en una hora, se active o no. Hay un 50% de probabilidades de que se active y otro 50% de que no se active. O sea, que al cabo de una hora, el gato peta o no peta. No se sabe.
Según las leyes de la mecánica cuántica (tenéis que creerme, no me pidáis que lo explique, que soy de letras), si no lo observamos, ninguna de las dos posibilidades tiene realidad. A menos que abramos la caja para ver qué le ha pasado al gato, el gato no estará ni vivo ni muerto. O estará vivo y muerto a la vez, si queréis. Es lo que se llama “Estado de indeterminación”.
En cuanto abramos la caja, ahí ya si que el gato adquiere realidad y estará o vivo o muerto.
Bueno. Realmente todo esto es una gilipollez, es sólo una teoría y está claro que mires o no mires al gato, el gato estará o muerto o vivo, pero no las dos cosas a la vez. ¿Pero mola, o no mola?

Por favor, un brindis por los científicos. Por esas personas que no sólo hacen teorías extrañas, sino que hacen teorías extrañas con gatos. Y por si fuera poco, no es que hagan teorías sobre gatos vivos o gatos muertos.
Hacen teorías sobre gatos que están vivos y muertos a la vez.

Tendría que haber estudiado ciencias.
servido por xfortino
24 comentarios
compártelo
30 Mayo 2006
¡Qué grandes los códigos! Hace una semana intentaba explicarle a Daniel de qué iba a tratar mi próximo artículo (este que ahora estás leyendo), y lo único que se me ocurría era decirle: “Pues va de los códigos que usa la gente. O sea, que la gente para comunicarse emplea códigos”.
Toma ya, qué gran empleo de las palabras. De los códigos.
Mi diccionario dice que un código es un sistema de signos y de reglas que sirve para formular y para comprender un mensaje. El primer (y único) código que se molestan en enseñarnos al principio de la vida son las palabras, el lenguaje. Pero a mí los códigos que me divierten son los otros, los que uno va aprendiendo solo o en grupo a lo largo de la vida.
Por ejemplo, dando nuevos significados a las palabras. Cada grupo o par de amigos llega a desarrollar su propio código, dándole un sentido a palabras, gestos y frases que nadie más puede entender. Por ejemplo, la vulgar expresión “ginebra con cocacola” adquiere un matiz distinto si quien la pronuncia es Don Jorge Arias.

Yo, por mi parte, nunca olvidaré el día que la señorita Chana me echó cocacola en la ginebra.
Luego están los códigos de conducta, las leyes que tú mismo te pones para regir tus comportamientos. “Jamás pagaré por entrar en un garito”, “No intentar dar pena” o “No veré ninguna peli de Haneke hasta los cuarenta” son algunas de las mías.
Hace unos días decidí hacer ejercicio porque la mala vida me está llevando a desarrollar una tripa que jamás había tenido. Me puse a dar vueltas con la bici, a hacer flexiones... ¡hasta pesas! Al tercer día me encontré la pista de tenis cerrada, y me metí en un Burger King y pedí el whopper más grande que tuviesen.
Así son los códigos y las leyes... que uno hace con ellos lo que le sale de las pelotas.

Y eso.
servido por xfortino
18 comentarios
compártelo