Los códigos: una chorrada
¡Qué grandes los códigos! Hace una semana intentaba explicarle a Daniel de qué iba a tratar mi próximo artículo (este que ahora estás leyendo), y lo único que se me ocurría era decirle: “Pues va de los códigos que usa la gente. O sea, que la gente para comunicarse emplea códigos”.
Toma ya, qué gran empleo de las palabras. De los códigos.
Mi diccionario dice que un código es un sistema de signos y de reglas que sirve para formular y para comprender un mensaje. El primer (y único) código que se molestan en enseñarnos al principio de la vida son las palabras, el lenguaje. Pero a mí los códigos que me divierten son los otros, los que uno va aprendiendo solo o en grupo a lo largo de la vida.
Por ejemplo, dando nuevos significados a las palabras. Cada grupo o par de amigos llega a desarrollar su propio código, dándole un sentido a palabras, gestos y frases que nadie más puede entender. Por ejemplo, la vulgar expresión “ginebra con cocacola” adquiere un matiz distinto si quien la pronuncia es Don Jorge Arias.

Yo, por mi parte, nunca olvidaré el día que la señorita Chana me echó cocacola en la ginebra.
Luego están los códigos de conducta, las leyes que tú mismo te pones para regir tus comportamientos. “Jamás pagaré por entrar en un garito”, “No intentar dar pena” o “No veré ninguna peli de Haneke hasta los cuarenta” son algunas de las mías.
Hace unos días decidí hacer ejercicio porque la mala vida me está llevando a desarrollar una tripa que jamás había tenido. Me puse a dar vueltas con la bici, a hacer flexiones... ¡hasta pesas! Al tercer día me encontré la pista de tenis cerrada, y me metí en un Burger King y pedí el whopper más grande que tuviesen.
Así son los códigos y las leyes... que uno hace con ellos lo que le sale de las pelotas.

Y eso.

Pal dijo
Me has dejado sin palabras.
¡¿En serio llevas días escribiendo esto?!(me gusta, me gusta..) Que grande eres.
Me das miedo xo me gustas, ya ves.
30 Mayo 2006 | 11:27 PM