El infinito.
Esta tarde he tenido el gran privilegio de conocer a un recién nacido. Se trata del primer sobrino de Paloma, y nació ayer. Hoy, la familia me ha invitado a que invadiese su intimidad, y he tenido el placer de conocer al pequeño Héctor.
Es increíble, en serio. Nunca había estado tan cerca de un ser humano tan joven. Y la cosa impresiona, impresiona muchísimo. Impresiona pensar que ese pedazo de carne con ojos algún día será un hombre como tú y como yo. Y te pones a pensar, y te das cuenta de que hace dos días ese niño no existía y hoy está aquí. Hoy he conocido a una persona sin pasado, alguien para el que sólo hay presente y futuro. ¡Qué envidia!
Ayer comenzó a tejerse su destino, su futuro. La de cosas que le tienen que pasar, que tiene que hacer, las decisiones que deberá tomar. ¿Qué será de él? ¿Será un cultureta, o será un currante? ¿Será deportista de élite, o físico nuclear? ¿Será guapo, o tendrá que valerse del humor para ligar? ¿Será un verdadero cabronazo, o será un buen tipo? Todas las opciones posibles están encima de la mesa, no hay nada escrito para Héctor.
Da mareo ver a un recién nacido tan de cerca. Es una sensación parecida a lo que debe sentir un escultor frente a un bloque de mármol: te quedas sin palabras, contemplando, imaginando todas estas tonterías y abrumado por la cantidad de caminos que se abren bajo los pies de ese niño.
Porque, según creces, la cantidad de caminos se va reduciendo. Yo ya sé si soy guapo o soy feo. Sé, más o menos, qué caminos puedo tomar y cuáles no, y sé que el deporte de élite no es para mí. Pero hoy he visto por primera vez a una criatura absolutamente pura, sin ninguna barrera ni camino marcado. Cómo envidio tanta libertad, tantas posibilidades, tanto por andar.
En serio, alucinante.
Los exámenes bien, gracias. Pero a quién le importa cuando hoy me he asomado al infinito.

Juanjo dijo
¡Muy buena entrada!
De todos modos, ese ser sí que existía hace dos días. Viene existiendo, como mínimo, desde hace unos nueve meses, aunque no sepamos en qué momento exacto empezó a ser consciente de esa existencia, o hasta qué punto lo es ahora.
Yo creo que todos tenemos infinitos caminos siempre. Y nunca hay nada imposible. Esas barreras nos las colocamos nosotros dentro, y son tan poderosas en nuestra mente que acaban configurando el mundo.
El pequeño Héctor tiene infinitos caminos porque todavía no ha aprendido a ponerse barreras en el coco.
Aun así viene con una maletita de equipaje que lleva los códigos genéticos de sus padres, quién sabe si alguna que otra reencarnación anterior... y un signo zodiacal géminos *;P
20 Junio 2006 | 01:22 AM