Tres imbecilidades
1. Malditos no!
Después de las vacaciones que llevo pegándome desde Junio (aunque expertos poco fiables aseguran que en realidad llevo desde el año 2001, y otros menos fiables aún que desde hace 23 años), por fin he conseguido QUERER TRABAJAR. Porque antes no quería, sino que debía (en realidad, tampoco debía, pero mi entorno me dedicaba miradas de reproche que yo interpretaba como “búscate un curro ya, vago de mierda, lacra social, que te estás divirtiendo mucho y nosotros nada” y me hacían sentir un poco mal).
Sea por lo que fuere, no quería trabajar. Con mi carrera de cinco años solamente puedo aspirar a puestos de becario por 600 euros al mes 10 horas al día y eso no me motiva demasiado. Me han contado que eso es lo que hay que hacer, ir “acumulando experiencia” para, con suerte, tener cierta libertad y capacidad de decisión sobre tu vida a los 55 años. Y algunos ni eso.
La libertad es algo que hay que ganarse. Esa es, básicamente, una de las premisas de nuestra sociedad. A mí me recuerda a un rollo carcelario tipo “pórtate bien e igual te rebajamos la condena, malhechor”, con la diferencia de que yo no soy un malhechor, sólo un ser vivo. Todo esto me parece injusto y aberrante y me hace pensar que el mundo está fatal montado.
Hay otra opción: buscarse empleos y ocupaciones más molonas, cosas que te motiven inmediatamente y te den pasta para vivir. Cosas como recoger mierda de elefante en el zoo o instalar calderas de gas, que a mí me parecen superentretenidas.
Ambos grupos tienen sus pros y sus contras: uno sacrifica la felicidad inmediata por la seguridad en el futuro... pero nadie te asegura que ese futuro llegue a existir. El otro te motiva y no te hace estar puteado 30 años mientras esperas a la libertad... pero no te ofrece nada a qué agarrarte en caso de que ese maldito futuro llegue a existir.
A mí, que pienso en la muerte unas cuatro veces al día, nada me tira más que vivir al día y todo ese rollo, pero me angustia pensar que puedo estar en la misma situación a los 20 años que a los 60, la inseguridad.
Por eso, he llegado a la conclusión de que será mejor que entre en el primer grupo, pues parece ser la forma más eficaz para tener tu propia casa, dos o tres hijos, un ligero sobrepeso, beber vino en las comidas y acostarte pensando “cómo me lo he currado, me he ganado este pedacito de felicidad con mis propias manos” y dormir como un bebé, no como ahora, que me rallo a muerte con chorradas. Por eso he decidido que quiero trabajar.
Que vale, que todo esto será muy normal para los que estén leyendo esta basura, pero para mí ha supuesto un esfuerzo considerable llegar a estas conclusiones.
(Pero vive Dios que voy a ser el más macarra de la oficina).
2. La fiesta terrenal
Estuve en una fiesta en la que las personas no hablaban. Lo único que hacían era escupirse unos a otros toda la información que habían recopilado, como loros, en una especie de competición por ver quién era más vanidoso y pedante y soltaba más citas de autores por minuto.
Qué doloroso era ver a esos cerebros de hormigón, cada uno con su lección aprendida, dando la conferencia y esperando a que el otro terminase su interrupción (no intervención) para poder continuar donde lo había dejado.
¿Y eso es una conversación? ¿Una diarrea verbal en la que lo que el otro diga no tiene ninguna importancia ni va a afectar a tu discurso?
Me agobié tanto que cuando empecé a imaginarme a dos ñúes dándose de cabezazos me salí a tomar el aire.
3. Un idiota integral en el bar
Hoy tocaba Josele Santiago y me he ido a verlo solo, porque ningún conocido mío podía/quería. Como era una sala pequeñaja he llegado hora y media antes y me he plantado en el bar de enfrente a verlas pasar.
Un vinito después, el bar estaba lleno y tenía al lado a unos seres humanos jóvenes que también iban al concierto.
Otro vino después, ha entrado el propio Josele en el bar y se ha puesto con los seres humanos jóvenes, a los que conocía.
Y todo esto es lo que ha ocurrido en mi mente, por este orden:
"Qué de puta madre, el Josele aquí, a mi lado..."
"...y además me ha hablado (porque quería pasar al baño a mear)..."
"y qué puta mierda que no haya nadie aquí con quien compartir este momento..."
"Bueno, estos de al lado parecen simpáticos, y además son fans de Los Chicos y Los Coronas. Si hubiese hablado más con ellos antes de que viniese el Josele, ahora estaría con ellos y hasta me lo podrían haber presentado..."
"...pero ahora se van a creer que quiero que me enchufen con el Josele y no es verdad, yo sólo quiero hablar con alguien..."
"¡Qué tensión! ¡Puto Josele, me estás intimidando, no puedo hacer amigos por tu culpa, vete del bar!"
...
"qué imbéciles los de la fiesta del otro día..."
"...y tengo que buscar un trabajo."
"...mumblerumblemumblerumblerumblemumble..."
Y ya era la hora del concierto, y Josele ha pagado y se ha marchado del bar, y yo he salido detrás de él, y me he ido directamente a mi casa a escuchar el disco porque soy un idiota integral y un rallado.

maria dijo
Sobre la número 1, supongo que enhorabuena y ánimo... es un tema del que tengo ganas de hablar pero me deprime un poco así que lo dejo; para evitar caer en uno de esos posts en los que me entran ganas de gasearme. O no.
Sobre la número 2, eso, que les den por culo. Tanta tontería, coñe.
Sobre la número 3, yo hubiera ido al concierto! Aunque tuve planes, y para el caso no hubiera podido ir, pero... eso, que no te sientas como un idiota integral (si acaso como un idiota parcial), me parece muy valiente (y molón) que te vayas a un concierto sólo y no te frene el no tener amigos que te acompañen.
:)
27 Noviembre 2006 | 11:59 AM