Hasta los cimientos (otro egotrip)
Los que os habéis pasado por mi casa ya sabéis que una de las principales actividades que tenemos son las acaloradas discusiones sobre cine. Quien ha asistido a estos espectáculos de demagogia barata y frases lapidarias sabe que nuestro tema favorito es el pobre Tim Burton, y el segundo es el Drácula de Coppola, que es una película que no soporto desde que tengo 15 años.

Bueno, pues decidimos volver a verla. Raúl creía que iba a estar metiéndome con la peli desde el primer minuto, pero traté de librarme de los prejuicios del pasado e intenté verla con buenos ojos y las gafotas bien limpias.
Y me encantó. Me pareció una genialidad, digna del mejor Coppola. Ahora se lo estoy contando a todo el mundo porque estoy muy orgulloso de haber podido cambiar de idea.
Esta chorrada tiene muchas enseñanzas. Seguro que ya las conocéis, pero también sabéis que conocer el resultado de una ecuación no significa haberla resuelto. En mi caso, he aprendido que no es bueno ser esclavo de lo que dijiste o pensaste en el pasado. Tener ideas está muy bien, pero es muy peligroso no estar dispuesto a cambiarlas. Si te casas con una idea, una pequeña parte de ti habrá muerto.
(la otra enseñanza es que nunca debes dudar de Coppola, porque Él siempre va a ir tres pasos por delante de ti...)

Si me hubiese mantenido en mis trece, si hubiese visto la película con ganas de destriparla, o me hubiese negado a mí mismo que la peli estaba bien, podría haber seguido discutiendo con Raúl durante toda mi vida, con el orgullo de tener las ideas claras, sin dejarme amilanar ya llueva, nieve o truene.
Sin embargo, la satisfacción de gritar en los títulos de crédito “qué peli más cojonuda acabo de ver, teníais razón, he sido un cretino durante ocho años!” es mucho mayor, dónde va a parar. Vale, igual ahora molo un poco menos en las reuniones de sociedad, pero por favor, me siento más libre y en paz que antes, me siento mejor y me gusta una peli más. Con el cambio, he salido ganando. Si te adaptas a la situación y aceptas el cambio, te sentirás mucho mejor. Agachar la cabeza y ser humilde contigo mismo es lo mejor que se puede hacer. Y lo dice un tío con el ego tan grande como Júpiter.
Últimamente, todos recitamos como papagayos el anuncio de Bruce Lee sin pensar en el mensaje que te está transmitiendo: la fluidez es el arma más poderosa que existe, y habría que aplicarla en todos los ámbitos, ya sea en los gustos, la política, el amor, lo que sea.

Cada día me doy cuenta de que hay muy pocas cosas en las que merezca la pena creer a pies juntillas... Yo creo que matar está mal, pero no sé si es porque lo pienso de verdad, o si esta idea es resultado de mi educación, de mi sociedad y de la omnipresente herencia judeocristiana que todos tenemos, y que yo he aceptado como buena sin pensarlo dos veces. Si no tengo claro ni eso, ¿por qué voy a discutir por una película, o por un partido político, o por cualquier chorrada?
Cuanto más te preguntas, más te das cuenta de lo poquito que sabes acerca del mundo y de ti mismo. Qué inseguro te sientes al darte cuenta de que el 99 por ciento de lo que crees saber ni siquiera lo has pensado; eres un producto de tu sociedad, de tus padres y de tu escuela y, si te pones a pensarlo bien, en tu vida has tomado muy pocas decisiones por ti mismo.
Estas influencias externas son inevitables, pero al menos ahora sabes que están ahí, y puedes intentar hacer algo al respecto. La verdadera libertad no existe, pero sí la consciencia. Y vivir inconsciente, aunque es cómodo, no me parece lo más recomendable.
Por eso, la gente que dice tener las ideas muy claras me da un poquito de miedo. Tener las ideas claras significa renunciar a pensar. ¡Y de ahí al fanatismo hay un pasito!
Ya, siempre escribo sobre lo mismo, pero es importante...


Juanjo dijo
DRACULA me sigue pareciendo una de las mejores pelis de Coppola. Mucho mejor que ese sobrevalorado pedazo de celuloide soso llamado "El padrino".
Claro que tendré que volver a ver yo también el Padrino, para cambiar humildemente de opinión.
Estoy de acuerdo contigo: Quien diga que tiene las cosas claras, me asusta un poco.
El otro día entré en una tienda esotérica a comprar un tarot, y una de las clientas estaba diciendo que los curas se podían ir a la mierda, porque ella tenía línea directa con Dios y sabía claramente cuál es el camino adecuado.
Yo no soy precisamente católico, y siempre he defendido la comunicación directa con la divinidad, pero escucharlo en boca de esa mujer, con esa vehemencia, me dio escalofríos.
Todos loros. Algunos son loros de Cristo, otros intentan ir contra eso y se convierten en loros de Nietszche, y otros comemos pipas para intentar no decir las mismas gilipolleces que el resto de los loros.
16 Enero 2007 | 03:01 AM